No se de ningún barco que salga de puerto sin sus rutas de navegación. Aunque sólo se trate de pasear un rato, el capitán sabe que rumbo tomará, conoce los escollos que puede encontrar por el camino, los vientos dominantes que le ayudarán a manejar la nave y dónde está el mejor punto para regresar.
En cambio, una gran mayoría de nosotros, no tenemos una hoja de ruta para el camino más importante, nuestra propia vida. !qué pena!
Nos dejamos azotar por los vientos, zarandeados de un lado a otro, y a veces nos pueden impulsar, pero otras, hasta pueden hacer volcar el barco, sin que nosotros hayamos decidido nada.
Salimos a mar abierto todos los días, sin saber a dónde nos dirigimos, que rumbo es el que hemos decidido llevar, dónde giraremos, dónde fondearemos, o cuál es el destino final.
Dejamos que sean otros los que nos digan hacia dónde ir, cuándo virar o cuándo replegar las velas.
Actuamos como grumetes de nuestra vida, más que como capitanes de la misma.
Tenemos el mejor velero del mundo, nuestra propia vida, tenemos el título de patrón desde que nacemos, tenemos todos los conocimientos que nos hacen falta para manejar las velas y aprovechar los vientos, y en cambio, sólo navegamos a la deriva.
Ya es hora de tomar las riendas de nuestra vida, elegir el rumbo que realmente deseamos, poner a punto nuestra nave, estudiar con detenimiento las cartas de navegación y los vientos que nos impulsarán, preparar nuestras herramientas y hacernos a la mar, con un objetivo concreto, con un punto de llegada elegido por nosotros.
Necesitaremos un tiempo de reflexión y de preparación antes de la salida, pero la libertad de decidir, la estabilidad de la navegación y el rumbo que tomemos sólo es responsabilidad nuestra, y no podemos permitir que nadie se haga con el control de nuestro navío.
Somos responsables de nuestra vida y de las decisiones que tomamos en ella, por lo tanto, tengamos el coraje de tomar ya el timón y decidir por nosotros mismos dónde queremos ir, cómo lo vamos a hacer y cuándo vamos a partir.
Sentémonos y reflexionemos, concedámonos un tiempo para decidir, para planificar y para actuar en consecuencia, sin miedos, con la firme convicción de que sólo nosotros podemos conducir la maravillosa nave de nuestra vida.
Deseo de corazón que seas capaz de conducir tu barco a buen puerto, al menos, que sea el puerto al que tú y sólo tú desees llegar.
Un saludo, y buena travesía.
Lola Sánchez